domingo, 20 de mayo de 2012

¿Quieres ser mi amiga?



Hoy voy a hablar de los celos, pero no en la pareja, ni en la familia sino en  la amistad, y solo voy a hablar de las mujeres, la amistad en los hombres es infinitamente diferente, ni mejor ni peor, solo diferente.

Cuando hablo de amistad y miro atrás , creo que pasa por varias fases en función de la edad,  y por eso lo divido en 3 momentos.

1ª cuando eramos pequeñas : teníamos a nuestra “ mas mejor amiga”, nos gusta pasar todo el tiempo con ella y hacer todo, que nos preste atención absoluta, nadie podía interponerse en nuestro camino ( los niños pequeños son muy absorbentes) y si alguien se atrevía a hacerlo, un mechón de su pelo era nuestro trofeo.

2º la adolescencia: Con el paso de los años,  comienzan a surgir esos celos y lo vivimos en diferentes situaciones, como por ejemplo cambiar de clase, encontrar un nuevo grupo, etc, pero la principal fuente de celos es cuando tu mejor amiga encuentra pareja y ha decidido centrar su tiempo en ella, te sientes desplazada y fuera de lugar,  ya no eres exclusiva, ahora hay “mas mejores amigas” en este momento esta en su mano seguir incluyendote o no, comienzan las comparaciones.

3º los "treintaytantos"; Y la ultima etapa y casi siempre eterna en muchas personas, es la rivalidad de logros y prestigio, el éxito profesional  y familiar, la belleza física, etc la inseguridad es una forma de tener celos  y a partir de aquí yo cambio el término envidia, ¿y quien tiene esa envidia? pues esas amigas que no se valoran a si mismas y solo viven comparándose con la vida de los demás.


Creo que todas hemos tenido alguna vez a esa “amiga” y no podemos hacer nada, ella es la que se tiene que dar cuenta que tiene que evitar el sentimiento de exclusividad , no pertenecemos a nadie, se tiene que alegrar de las cosas buenas que te pasen y lo mas importante tener un circuito social amplio, tiene que aprender a compartir con mas amigas, saber que existen muchas e incluso seleccionar con quien puedes contar para una cosa determinada u otra.

Una vez que se superan esos baches por las que todas hemos pasado ( a veces envidiamos y otras somos envidiadas) una amiga si es un tesoro, es una parte de tu vida y felicidad muy importante, es esa persona con la que puedes puedes contar incodicionalmente, la que no te pide nada a cambio, la que llora contigo y te acompaña en tus penas si preguntar ni reprochar, la que llora de felicidad con tus logros, la que sabe que sin pedirtelo te necesita, la que respeta tus decisiones sin juzgar, la que te llama después de 1 año y es como si vivieses juntas, la que siempre esta ahí, puedes depositar en ella tus mas íntimos secretos, es honradez y fidelidad , simplemente eso, un TESORO.




viernes, 18 de mayo de 2012

Raíces


La primera mitad de estos treintaytantos la pasé en el mar. Rodeada de gente con la cara cortada por el viento de sal. De vocerío en el mercado, niños en la calle, veranos de fiestas. Ropa tendida, vespinos y humedad en las bodegas. Calles adoquinadas y tardes de amigos. Mi infancia, mi adolescencia, parte de mi juventud guardan un álbum de fotos de cada calle en la que viví una historia, calles de las que hoy no recuerdo el nombre.
Nunca me he considerado una persona especialmente arraigada a un sitio. Al principio reconozco que fue duro vivir el proceso en el que dejas de ser de un territorio, te vas apartando de tus amigos y ya, cuando vas de visita cada dos meses, ya no entiendes sus conversaciones. O eres incapaz de conducir allí porque han cambiado todas las calles de sentido. O -y aquí hierve la nostalgia- aquel sitio donde aprendiste a bailar flamenco es hoy una deprimente gestoría inmobiliaria. Ese cierto, aquella ciudad y aquellas gentes siguen su vida, avanzan sin ti. Darte cuenta de que formabas parte de un lugar, y ahora no, entristece.
Pero en cierta forma sí que sigo allí. Cuando voy mi marido dice que comienzo a cecear espontáneamente. Además, rescato los sabores de la comida de cuando era niña y veo familiaridad en los rostros de la gente. Y aunque como digo a veces no comprendo las bromas ni las complicidades de mis amigos, con ellos me siento bien. Es como si en esta mitad de los treintaytantos que llevo fuera (y me empeño en no decir mi edad, ¿verdad?) el pasado se congelase. Al final, seguimos siendo los mismos que nos reuníamos los viernes para tomar cerveza y bailábamos la canción del verano.
De hecho, esta tarde iré. Llegaré a mi casa, allí donde sigue el mismo jarrón que odio encima del mueble. Maldeciré al mismo vecino que grita. Veré a los mismos amigos con la misma sonrisa de siempre. Alguno soltará el chiste de siempre. Y, por unos momentos, sentiré esas raíces, las que te unen a un lugar para siempre.  

jueves, 10 de mayo de 2012

Las flores, en maceta


Ella no es una mujer cualquiera. No le gusta que le regalen flores. No hay que cortarlas, dice. Las prefiere en maceta. Es una metáfora de que sólo busca personas y experiencias auténticas. No le des sucedáneos de nada, los rechaza. Quizás sea a la única persona del mundo a la que nunca he escuchado una mentira, y mucho menos se mentiría a sí misma. La honestidad la lleva por bandera. Y la lealtad. Ella nunca me traicionaría. A nadie a quien quiera.

Cuánto he reído con ella. Cuánto vino hemos tomado juntas –y lo que queda por venir- y cuántas veces he visto en su mirada cuánto me quería. Ella no es de las que habla, es de las que actúa. Le gusta encontrar la felicidad en las pequeñas cosas, que llena de significado. Cuando me mira a los ojos reconozco en ellos que me conoce, que me comprende. En sus ojos me siento en casa.

Ella ha pasado por todo tipo de calamidades. Su madre enfermó, su vida sentimental le daba un golpe tras otro. “Otra raya más para un tigre”, dice siempre ella, mientras yo pienso que los hombres deben estar locos si no se dan cuenta de que es un diamante en bruto. La despidieron de su empleo, tras doce años de un trabajo admirable. Nadie lo hubiese hecho mejor que ella. A veces, hasta la he envidiado por ello. 

Pese a todo, y como el ave fénix que siempre renace de las cenizas, en los últimos meses tenía una luz especial en la mirada. Brotes de vida. Magníficos planes de futuro. Estaba convencida de que afrontaba lo más mágico y trascendental que le ocurriría nunca. Ilusión. Decisión. Fortaleza. Ternura. Un corazón preparándose para todo lo que iba a arrojar fuera. Lo mejor de ella.
Pero... de repente ...la vida… de nuevo… otro golpe. Quizás el más duro recibido hasta ahora. 

Pero ella, como digo, no es una mujer cualquiera. Ella se forma, se deforma y se reforma. Ella es la más fuerte. Mucho ánimo, mi amiga, la de los ojos de almendra y el corazón de caramelo. Saldrás de esta, como has salido de todas, más fuerte, más linda, más auténtica... más tú.

lunes, 7 de mayo de 2012

A mí…
Me gusta ser y estar; la gente tolerante, ya sea de izquierdas, derechas o centro; la justicia; el destino; el número 1; las personas transparentes; las que te miran a los ojos cuando te hablan, cuando lloran o cuando sonríen; el rumor de las olas; los saltos de trampolín; una puesta de sol; el olor a pan recién hecho; los que pelean por ser felices sin olvidarse de contagiar a los que aman; Manolo García; los baterías; Venecia; las pupilas que brillan; el aire helado en la cara y el vendaval; los deseos que se convierten en realidad; dormir; creer en los demás; morder hasta pisar el cuello del miedo; el vino; que me besen porque sí; que me arranquen una carcajada; el rubor; los conciertos; la utopía; las palabras ‘todo’ y ‘siempre’; los hombres capaces de ser amigos de mujeres; cantar gritando en el coche; los perros; el orden; pasear; la gente ‘despierta’; un par de copitas; los escenarios; la armonía; tirar lo que ya no sirve; concentrarme en lo interesante; aprender y trabajar; cuidar mi piel y tomar el sol; sentir; entusiasmarme; ilusionarme; apasionarme; los susurros; perder la consciencia… al ‘alimón’; el amor… con sexo; ‘que mi vida no sea de nadie’,  y quejarme de todo lo que no me gusta…
No me gusta el que parece y no es…aunque esté; el que trata de inundarnos de su moral travistiéndola de sentido común; el verdugo; que desahucien a los vivos; el número 2, el 3 y el 4; los traidores; aquellos que abrazan sin fuerza; las alarmas; las carreras de coches, motos o personas; los botellones; el olor a hospital; los que se olvidan de ser felices contagiando su tristeza a quienes aman; Julio Iglesias; los acordeones; Berlín; las miradas obscenas; tener frío; los sueños que se transforman en pesadillas; despertar sin poder pasar media hora más en la cama; desconfiar; rendirme; la cerveza; que usurpen mi espacio físico y psíquico. Porque no; las bromas; lo ridículo; los caraoques; el conformismo; las palabras ‘quizás’ e ‘incompleto’; las mujeres incapaces de no coquetear con un hombre; los gritos… que los demás puedan oír; los murciélagos; el caos; correr; la horchata en las venas; los borrachos; los actores de la vida real; lo estrepitoso; guardar lo que nunca voy a usar; no lograr evadirme de lo absurdo; no poder maniobrar; envejecer por dentro; la apatía; el ruido; ‘el calor de invernadero’; decirle a alguien ‘que haga algo que yo misma tampoco haría sin dudarlo’, y no ser capaz de prestar atención a ciertas cosas…
No me importa, aquel que me juzga, siempre que yo me haya concedido la absolución; la gente que necesita ayuda, la tiene al alcance de su mano y no estira el codo; los puntos cardinales, sólo ser feliz en el metro cuadrado en el que tenga mis pies; cómo llegar a los sitios, siempre que sepa que puedo; lo que hay a mi alrededor, si cerca tengo lo que quiero; ganar o perder, si la victoria final no dependía de mi esfuerzo; quien ya me decepcionó; la vida de los demás si sus dueños no me invitan a conocerla; el día de la Madre, del Padre, del Niño, de San Valentín… es absurdo dedicar un día al año a cosas tan importantes, en las que deberíamos depositar cada minuto que nos permita nuestra vida.

¿Y a ti?

viernes, 4 de mayo de 2012

...peligro constante


La semana pasada Aminta se metió en “camisa de once varas” cuando abordó el tema suegras (aunque tengo que reconocer que no te mojaste demasiado, amiga… tenemos conversaciones algo más subidas de tono) Pues bien, yo hoy me voy a echar encima al 50 por ciento de la población: las mujeres. Y es que no soporto cómo conducen. No voy a generalizar porque hay excepciones, entre las que inmodestamente me incluyo. Pero sí que voy a utilizar el término la mayoría. La mayoría de las mujeres llegarían antes a los sitios si fueran andando, en lugar de en coche. La mayoría de las mujeres  deberían hacer un posgrado de cómo dar marcha atrás, cómo incorporarse a un carril con decisión y sin esa parsimonia que me saca de quicio, y también cursar estudios superiores sobre cómo no echarse a temblar ante un adelantamiento.
Lo confieso: tengo hormonas masculinas conduciendo.  Soy de las que gritan “¡qué es para hoy, dale!” o “venga ya… ¡que en ese aparcamiento cabría un trailer!”. Además, raramente me equivoco en mis pronósticos. Cuando veo que un coche coge una rotonda –que no es más que una curva con alguna estatua en medio, chicas- a cinco kilómetros por hora u otro coche que lleva diez minutos detrás de un tractor sin tener la mínima intención de adelantar… hago mi apuesta y ¡acerté!, veo una melena rubia o unos ojos pegados al cristal delantero o unas manos de mujer aferradas al volante como si éste se fuera a ir volando. 

Las estadísticas dicen que las mujeres sufren menos accidentes. Pero todos sabemos que las estadísticas son una forma de mentira. Según he visto publicado en el blog más leído de España, Microsiervos –muy recomendable- el dato de que los accidentes son causados en un 70 por ciento por hombres y en un 30 por ciento por mujeres es muy matizable. A ver, ¿cuántos kilómetros al año suelen hacer los hombres y cuántos las mujeres? Insisto en no generalizar, pero hoy en día son más los hombres que conducen, y sobre todo, hacen más kilómetros, largas distancias. De hecho, este blog lanza el dato de que por cada 150.000 kilómetros que recorre un hombre a cuatro ruedas, hace 20.000 una mujer.

El peor arquetipo posible, a mi juicio y tras muchos años de estudio de la situación es: mujer, a partir de los 50 años, acomodada, con vehículo todoterreno que no está acostumbrada a conducir. En este sentido, hay en las estadísticas que he encontrado un dato que resulta muy llamativo: cuando la mujer tiene más de 50 años, el número de accidentes en relación a los hombres se iguala. Es decir, aún siendo menos las féminas en carretera y recorriendo menos  kilómetros al año… ¡tienen los mismos accidentes que los hombres!  

Muchas de vosotras me vais a recriminar este post. He abierto la caja de Pandora. Que conste que muchas de mis amigas conducen fenomenal –matizo muchas por algunas-  y que también hay hombres que siguen los patrones de la parsimonia, la falta de decisión y el despiste conduciendo. También conozco a alguno.

Y esto lo firma una que se sacó el carné de conducir a la cuarta vez de presentarse. Pero es que tuve mala suerte con el examinador…

miércoles, 2 de mayo de 2012

No es el fin del mundo

Como me gustan tanto los proverbios, sentencias y frases célebres llevo algunos días buscando en el Google una que hablaba sobre el inconveniente de nacer en momentos históricos interesantes. Mi búsqueda, por desgracia, no ha tenido éxito. En lugar de la máxima rastreada, la red me ha enredado en un sinfín de teorías conspiratorias sobre el momento histórico actual, la decadencia de nuestra forma de vida, el cambio de era y, cómo no, la consabida profecía maya sobre el fin del mundo. Dicho evento tendrá lugar, según cálculos de los precolombinos, el próximo 21 de diciembre.

 Algunas interpretaciones del fenómeno afirman, agárrate, que el sol se va a colocar en el “centro de la galaxia”, donde recibirá una gran onda energética que lo “activará”, produciendo grandes radiaciones, así como terremotos, cambios climáticos, la inversión de los polos (¿?)… una ruina, vamos. Pero otros dicen que lo que de verdad ocurrirá es que el ser humano “conectará con una conciencia superior” y comprenderemos que “todo el universo es uno y que cada ser vivo forma parte de esa única entidad”… el acabóse ya. Total, que pase lo que pase, si hacemos caso a los mayas, para el 21 de diciembre la cosa se pone negra.

La meditación sobre esto que viviremos en unos meses ha despertado en mí varias dudas razonables. A saber: si un terremoto abre una grieta en el techo de mi piso, ¿me perdonan la hipoteca?; si una llamarada solar me alcanza y me quema media cabeza, ¿tendré cobertura sanitaria para reimplantarme el pelo?; si conecto con una conciencia superior y me uno a ella, la declaración de la renta 2012, ¿la hacemos conjuntamente la conciencia superior y yo o sigo siendo considerada persona física a efectos tributarios?; si se invierten los polos (¿?), ¿me volverán a subir la factura de la luz?…

Total, que llevo varios días dándole vueltas a lo que se nos viene encima y he llegado a una conclusión clara al respecto: si de verdad se tiene que acabar el mundo, pues mira, que se acabe ya y punto. Pero que no me lo vayan acabando poquito a poco, oye, que eso jode tela: que si ahora te bajo el sueldo, luego te siso una mijilla por otro lao, ya “ve soltando un poquillo más por las medicinas, so agarrá”, el año que viene me pagas por ir por la autovía... y después ya veremos qué otras cosillas se me ocurren pa fastidiarte la existencia. Esto todo es muy aburrido y además hace feo. Con lo vistoso que quedaría eso de la fusión cósmica universal, el sol venga a soltar llamaradas, los pingüinos en Chipiona, los polos como “la chiva el vizco” y una bonita explosión final. ¡Hala! Y todo el mundo: “a cantar (o lo que sea), a cantar (o lo que sea), que el mundo se va a acabar”. Que sí, que sí, que al final todos muertos pero ¡y lo que nos íbamos a divertir haciéndoles cortes de mangas a la Merkel, al presidente del Santander, a los del Standards & Poor’s, a tós los ladrones que se han llevao el dinerito de tós nosotros a la chita callando! Pues no, señor, hasta el Apocalipsis nos lo van a estropear esta panda de mangantes.

Así que he tomado una determinación: me declaro insumisa del fin del mundo. Vamos, que, por lo que a mí respecta, conmigo que no cuenten para que esto llegue al final. Así por lo menos no.

A partir de ahora no cederé al Apocalipsis: arrimaré el hombro todo lo que pueda para que esto no siga así, protestaré y actuaré donde tenga que hacerlo, dejaré de leer noticias agoreras, pondré mi granito de arena todos los días con el convencimiento de que pequeñas acciones consiguen grandes cambios, apuntaré los nombres y apellidos de los que nos estafaron y engañaron... Y porque aún sigo de pie intentaré levantar a los que ya han caído.

Y es que, señoras y señores, va a ser que no, que por mucho que nos lo intenten hacer creer, ni mucho menos, para nada, ni por asomo, esto, amigos, esto NO ES EL FIN DEL MUNDO.