Ya lo advirtió Pocahontas cuando
cantó
“Te crees que es tuyo todo lo que pisas
te adueñas de la tierra que tú ves”. Realmente nos creemos los dueños de todo lo que nos rodea, y no, no lo somos. No llegamos ni a arrendatarios, ni siquiera es un préstamo. Es un privilegio el que se nos concede cuando por suerte la madre Naturaleza nos ofrece un entorno como el del parque natural del Estrecho y el del parque natural de los Alcornocales, entre los que se enclava la playa de Valdevaqueros.
te adueñas de la tierra que tú ves”. Realmente nos creemos los dueños de todo lo que nos rodea, y no, no lo somos. No llegamos ni a arrendatarios, ni siquiera es un préstamo. Es un privilegio el que se nos concede cuando por suerte la madre Naturaleza nos ofrece un entorno como el del parque natural del Estrecho y el del parque natural de los Alcornocales, entre los que se enclava la playa de Valdevaqueros.
Están al alcance de cualquiera,
pero yo me considero afortunada porque han sido y aún son (con menos frecuencia de la que yo
quisiera) escenario de buena parte de mi vida.
Dicen que nunca sabes lo que tienes hasta que lo pierdes, y
que el hombre siempre tropieza con la misma piedra, y que no hay dos sin tres
(en pequeño homenaje a Mrs. Tomico, a la que le encantan las frases populares)
pero es que con esto de querer construir a diestro y siniestro, es que no
aprendemos la lección. ¿Cuántos más Atlanterras y Algarrobicos necesitamos
levantar para ver el error tan enorme que cometemos?
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Gaspar Serrano |
Puedo decir que entiendo el sentimiento de posesión que
padecemos (sí, digo padecemos) con los parajes naturales. A mí me ha pasado.
Insisto en que he tenido la suerte de disfrutar de unas playas paradisíacas en
las que hasta hace unos años, íbamos los locales y unos pocos guiris traídos por el viento. Cuando la zona
se puso de moda, no pude evitar sentir que me robaban un cachito de algo mío.
Pero hay una diferencia entre mi sentimiento de propiedad, y
el de aquellos que ahora aprueban sin sonrojarse un proyecto urbanístico brutal
en Valdevaqueros. A mí ese sentimiento me sirve para cuidar más aquello que
nos rodea, para ponerme las pilas en mirar por su conservación, por preservarlo
cual madre protectora. A políticos y constructores, transformar del verde al gris
una de las últimas playas vírgenes de nuestro litoral no les cuesta ni una
noche sin dormir, ni un poquito de culpa, cuando el señor don dinero les sirve
de excusa suficiente para argumentar encima que nos están haciendo un favor,
que es para crear empleo. Oportunismo le llaman.
No sé si esta iniciativa popular que está creciendo en las
redes sociales tendrá la fuerza suficiente para paralizar un proyecto que supondrá
un daño irreparable para nuestro medio ambiente, pero desde aquí yo alzo mi voz y
pongo mi granito de arena por intentar al menos salvar una de las playas de mi vida.
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